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Cosas que veo, pienso, sueño o robo

Vete a saber - Primera noche

MIÉRCOLES-JUEVES

Suena el teléfono. Sus ojos se abren de golpe y sale del sueño en el que estaba cayendo. Se alegra, por fin podrá hablar con alguien, aunque sea una voz desconocida marcando un número erróneo.  Ya se sabía de memoria la entradilla con la que debía descolgar el teléfono: “Hotel Polux International, del grupo Relax International Group le desea buena noches, está hablando con … , ¿En qué puedo ayudarle? ” - Después de éste rito protocolario (propio de una recepción de hotel con más ambición que estrellas) una voz dulce y suave le desea buenas noches; se alegra aún más: es Ella. Ona es una de las dos recepcionistas del Hotel. Él se ha enamorado de ella poco a poco, sin quererlo, por el roce, las conversaciones,.. porque Ona tiene un cuerpo irresistible,un pelo rubio que se ilumina con el sol. Ella siempre deja que Él pronuncie toda la frase al descolgar.

La respuesta es inmediata: “Buenas Noches”, pero con un tono mucho más afable y afectuoso. Ella acepta el saludo sabiendo que el tono pretende algo más que saludar, sabe que Él está locamente enamorado, pero hace ver que no se da cuenta, enseguida se pone a hablar de trabajo: Ha dejado de hacer un listado y le pide a Él si lo puede hacer para el día siguiente. Él, encantado, responde que sí (de hecho, le respondería que sí a cualquier cosa que le pidiera).

Ona continúa hablando de trabajo, Él la escucha, pero solo siente el rumor de la voz, imaginando que esa voz le susurra al oído mientras están tumbados. Sin saber porque, recuerda del sonido de los pájaros que le despertaban por la mañana (cuándo por las mañanas aún dormía).

La conversación se acaba. Él tiene ganas de continuar escuchando su voz, pero no logra articular ninguna palabra que alargue el diálogo. De hecho, es poco hablador, mucho menos si la interlocutora es una chica, aún está en esa edad en que tener una mujer guapa delante le hacía temblar las piernas.

- Te escribiré una carta- le dice. Ella acepta.  Él sabe que escribiendo se expresa mucho mejor que hablando por eso le gusta escribir cartas, pretende conquistarla gracias a las palabras. Aún no sabe que, simplemente con palabra, no se conquista a nadie.

Se despiden. Hay tres o cuatro ‘Adéu’  y cinco o seis ‘Hasta mañana’. Las últimas palabras suenan con debilidad y el último despido de Él, lleno de tristeza.

Ahora vuelve a sentirse solo.
Le ha pedido que vuelva a llamar porque no puede llamarla tan tarde, pero sabe que ella no lo hará. Se queda pensativo, cautivado aún por aquella voz, pensando porque se había enamorado tan perdidamente. Al rato se alegra: piensa que mañana la volverá a ver y, únicamente con eso, ya es feliz.

Después, como cada noche, le da vueltas a la cabeza: puede que ella también tenga ganas de verlo, pero enseguida se quita el pensamiento de la cabeza: “No puede ser que se haya fijado en mi”, piensa. Además, ella tiene un amigo ‘especial’, también trabajador del Hotel, con el que se va algunas noches a la Playa. Él sabe que hay algo más que amistad, se auto engaña pensando que no es él el que va con ella por las noches porque trabaja. Piensa en las recomendaciones de sus amigos que, normalmente, siempre tenían razón: “No te líes con nadie del trabajo”. Sabe que sus amigos se lo dicen por aquello de “Donde tengas la olla, no metas …” , pero no sabe estar solo, seguramente a consecuencia que empezó a salir con alguien a los 15 años y duró 7 años más. Ahora, no sabe disfrutar de la soledad, con el tiempo aprenderá.

La señorita V.H. ha vuelto. Es una cliente del hotel, de origen Polaco. Está muy enamorado de su compañera de trabajo, pero a ésta chica no le importaría hacerle un favor. La cliente solo dice ‘Hello’. Ella misma se coge la llave del casillero i sube caminando al primer piso (habitación 103). Al cabo de dos minutos vuelve a bajar y pone sobre el mostrador de recepción el bolígrafo que Él le había dejado la noche antes. Se despiden con una sonrisa, un ‘Thank You’y un ‘Good Night’. Él coge el bolígrafo y se lo mira: piensa que tiene que escribir la prometida carta, pero no sabe que decirle.

De hecho, se vuelve pragmático por momentos: piensa que escribirle una carta es una tontería, que lo que le podría decir ya se lo diría en persona por la mañana. “Solo tiene sentido” - piensa - “si es una carta de amor”, pero no podía escribir una carta de amor, estaba aterrorizado por el rechazo, únicamente la podría escribir si fuera una carta de amor en clave de humor, con cachondeo, por el “si cuela”, pero no quería mezclar las dos cosas. Con el tiempo, se dará cuenta que la mejor combinación en éste mundo es el amor y el humor.

Además, Ona le atraía mucho, pero ¿Realmente estaba enamorado? ¿Era amor eso que le quemaba por dentro? ¿O era lo que quema a todos los hombres con falta de sexo? Lo único de lo que estaba seguro era que de la atracción que ella ejercía sobre Él y la excitación que le provocaba.

Mientras  decidía en si escribía o no una carta, pensó en la última carta de amor que escribió: Acabó quemada, después de que se mojase con lágrimas y de que nunca llegase a su destinataria. Aquella carta le costó mucho mucho escribirla, aún le costó más quemarla. La podía haber tirado simplemente a la papelera, pero pensó que ya que su amor tenía que acabar así, mejor hacerlo de forma romántica.

Mira la hora: La una y media de la madrugada. Se va al jardín del hotel a llenar la regadora de agua para regar las flores naturales que adornan la entrada de recepción. Hace 4 o cinco viajes para llenar la regadora y acaba de regar todas las plantas del hotel, pero éste proceso solo le ocupa una hora de tiempo, aún le queda mucha noche por delante.  Vuelve al jardín a dejar la regadora y allí baja la voz: sin darse cuenta, se había puesto a cantar en voz alta, casi gritando. “Puede que sí que esté loco” piensa en voz alta.

Vuelve a recepción y se sienta en la entrada de la calle a fumar un cigarrillo. Mira las calles vacías, inmóviles. Al final de la calle ve a alguien que camina en dirección al hotel y sus labios esbozan una sonrisa, pero  antes de poder reaccionar la persona que se aproximaba ya ha girado por la esquina. - “Nadie” - Piensa resignado. Tira el cigarro en medio de la calle y vuelve a dentro, se sienta en el sofá de recepción con los pies apoyados en una butaca. Se duerme, hace días que no duerme.

Lo despierta la furgoneta del pan: entra la caja de croissants a recepción y continúa durmiendo en el sofá, no tiene fuerzas para nada y aún son las 6.

Una hora más tarde se despierta contento, queda poco para verla. Lleva los croissants a la cocina y, cuándo vuelve, ya tiene el periódico encima del mostrador. Ninguna noticia interesante, como siempre.

Ahora se acuerda de la carta, le sabe mal no  haberla escrito. Decide escribir alguna cosa en el punto de libro que lla utiliza. Escribe una pequeña conversación en francés y, al fina, un deseo (‘un bise sur l’eau’).

Al poco rato llega Carme, la segunda recepcionista del Hotel, su relevo. Él, como cada día, la recibe cantando una popular canción de ‘Els Pets’ que da los buenos días. Hoy pasará la mañana con Ella en la playa: ¿será capaz de decirle alguna cosa? O se limitará, como siempre, a jugar con ella (o, mejor dicho, a que Ona juege con Él)

Escrito hace 1 año, 11 mess, a las 19:16.

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