Vete a Saber – Noche 2
JUEVES - VIERNES
Otra noche: Él entra a recepción contento y cantando. Ona hace el turno de tarde así que es la primera en verlo cuándo entra por la puerta del hotel. Lo recibe con una sonrisa que lo enamora aún más, si cabe.
Hablan de la mañana que han pasado juntos en la playa (por cierto, ¿Él cuándo duerme?): Aún tiene el recuerdo de ella sonriendo en el agua, el recuerdo de su bikini, de sus ojos tocados por el sol, de su pelo mojado, de sus sensuales labios, de su precioso ombligo (¿que tendrán los ombligos? ¿o será por la forma de lo que no tienen?) Ona ha leído la historia que Él ha dejado escrita por la noche i le comenta que también ha escrito su versión de los hechos (sobre la llamada de la noche anterior). Él sube corriendo para mudarse rápidamente y poder leer lo que ha escrito. Por la escalera, de fondo, se escuchan el silbido de una canción de ‘The Doors’.
Después de cambiarse, y aún en el vestidor, decide escribir una nota: Escribe dos versos en una hoja de papel y, inocentemente, y sin pensar en las consecuencias del contenido de éstos versos, lo dobla y lo deja en el bolsilla de sus tejanos (¡Qué bien le sientan esos tejanos! ).
Cuándo vuelve a recepción ella le da una hoja escrita: su versión. La lee con mucha ilusión, una ilusión que se desvanece enseguida: ella no lo toma en serio, dice que las chicas no le hacen caso porque no es serio. Esos comentarios le saben mal, le duelen: los amigos siempre le recriminan porque se toma las relaciones demasiado en serio (en el futuro llegará un punto en que se las tomará demasiado en broma y una maduración en las que encontrará el equilibrio). Ahora ella cree todo lo contrario.
Él no dice nada, simplemente la mira con aprobación (Cobarde!), de hecho no pude pretender que ella piense lo que a Él le gustaría.
Ella sube a cambiarse y baja enseguida. No hace ningún comentario sobre la nota (De hecho, Él tampoco le dice nada, está aún pensado cómo hacer para que lo tome en serio). Al Poco rato Ona dice que se va y Él le pide un beso de ‘Buenas Noches’. Como siempre, ella se lo deniega (ahora Él no sabe si es porque ella piensa que lo pide en broma o porque no le interesa) i se va. Mira como se aleja y piensa otra vez en el día de playa: había intentado besarla varias veces y ella no se ha dejado, pero tampoco se ha quejado. Un punto de esperanza.
Piensa en el motivo de que ella le atraiga tanto. De hecho, al principio, no se la miraba como la mira ahora. Él no ha buscado enamorarse de Ona, de hecho, ¿está realmente enamorado? ¿Es esa la palabra correcta para lo que sentía? Había sido ella la que lo había cautivado y era ella la que dominaba la situación y la que tenía el poder de cambiarla.
Sus pensamientos se truncan por el sonido del teléfono. Primero una sonrisa: ¿Será Ella? Después del protocolo, resignación: Son unos clientes que piden si se les había reservado una habitación.
La llamada ha sido afortunada, ahora tiene la excusa perfecta para poder llamarla y hablar con ella (mas bien, escuchar su voz). La llamada ha sido prolífica: primero solucionan el tema de los clientes y luego, quedan para ir a la playa al día siguiente. Él le pregunta si ha leído la nota y ella le responde que No, no la ha encontrado, pero que la buscará y la leerá.
La conversación, aun habiendo sido larga, ha durado menos de lo que Él quisiera, por eso le pide que lo llame (ésta vez sabe que, una vez haya leído la nota, ella sí llamaría). Se despide con un beso que no le devuelven (Ona tiene gente alrededor) y cuelga. Casi sin tiempo a retirar la mano del teléfono, vuelve a sonar: son los clientes de antes a los que ‘despacha’ en un segundo: no quedan habitaciones para las fechas solicitadas.
A la hora de siempre, va al jardín a regar las plantas (con la misma monotonía que el dia antes y los anteriores): eso le hace pensar que tienen que plantas flores nuevas en el jardín (por orden de Mr. C, el director de Hotel) e, inmediatamente, la palabra ‘flor’ le hace pensar en ella. Como siempre, el enamoramiento le hace volverse cursi y estúpido, pero no puede evitarlo.
Ha acabado de regar i está fumando en la puerta de recepción. Vuelve V.H. (siempre suele ser la última en volver): -Good Night- dice Él, ella responde con idénticas palabras. Antes de raccionar, V.H. ya ha cogido la llave y sube hacia arriba. Él la despide con un ‘Chüs’ que ella le retorna. Le gusta saber cuatro palabrejas en Checo (chüs, Dobry Den, Dobry Vecher, … ) Él la mira mientras sube las escaleras, piensa que ya no se la mira igual que antes, cuando llegó al hotel. Tampoco se mira igual a la chica rubia (la que tanto le gustaba). Se pregunta qué le debe pasar, pregunta retórica pues ya sabe la respuesta: Se ha vuelto a idiotizar, a enamorar. De hecho, no quería volverse a enamorar, le da miedo volver a sufrir.
El teléfono vuelve a sonar: es Ona, contundente: -¡Te has pasado! - Él no entiende porque y se lo hace saber, agrega que únicamente quería ser sincero: ¿Tan grave es que le diga que tienen la sensación de que lo utiliza y juega con él? Además, añadir al final de la nota que tiene ganas de echar un polvo con ella cree que servía para suavizar la anterior afirmación, darle un toque menos serio. Ahora se disculpa, le sabe mal. Ella se da cuenta que lo ha puesto muy nerviso y lo tranquiliza con dulces palabras, le dice que la nota le ha parecido demasiado directa. Él se reafirma en lo que dice la nota, pude que sí se haya pasado, pero es la verdad (¿Cuándo se dará cuenta que No siempre es bueno decir la verdad?).
Ona se ríe (se escuchan voces de fondo) y dice que tiene que dejar la conversación, confirmando la cita del día siguiente (de hecho ese mismo día). Se despiden como de costumbre, sin recibir besos a cambio.
Como es habitual, durante el resto de la noche no pasa nada interesante. Esa noche no duerme: no tiene sueño (¿Este chico ya sabe que hay que dormir un mínimo diario?). Las horas a partir de las cuatro de la mañana se hacen muy largas: se ha quedado sin tabaco. Pasa la noche dando vueltas por el hotel y bebiendo agua para saciar el ‘mono’. A las cinco la ansiedad puede más que él: no tiene hambre, pero se va a buscar el bocadillo para pasar un poco el tiempo. Después de comérselo sentado en la puerta del hotel, vuelve adentro para beber más agua, puede que con el estómago inflado la sensación de ganas de fumar desaparezca (¡ingenuo!).
Llegan las seis y con ellas la furgoneta del pan. No sabe porque la llama así, debería ser la furgoneta de los croissants… ésta vez trae 3 cajas. De camino a la cocina del hotel ve las cajas de flores y se acuerda que tiene que plantarlas. - Más tarde – piensa. En la cocina se moja la cara con agua: la ansiedad le está matando. Por lo menos tiene el consuelo que Ona estará contenta porque ha pasado la mitad de la noche sin fumar.
A las siete empieza a plantar las flores: primero en las macetas y luego alrededor del inmenso magnolio situado en el centro del jardín del hotel. Se da cuenta que hay muchísimas más flores rojas que blancas: será difícil intercalarlas (por no decir imposible). Internamente se queja de no tener una miserable palita para excavar la tierra, tiene que hacerlo con una maceta de plástico que se rompe y con las manos. Ahora entiende el significado pleno de la palabra ‘precariedad’. Además, el suelo del magnolio está lleno de piedras y rocas. –Este tio no sabe lo que es un jardín – dice en voz alta pensando en Mr. C.
Los clientes alemanes empiezan a llegar para el desayuno y alaban el resultado de la sesión de jardinería. Él se siente orgulloso, realmente ha quedado bien. Cuándo acaba, se lava las manos intentado quitar la tierra de dentro de las uñas, pero no puede… lo intentará más tarde con un palillo. Sube a cambiarse y baja a recepción. La Carme ya ha llegado. Él tiene prisa por salir: Ya es tarde y ha quedado con Ona en la playa.
Allí se pone a leer para esperar a que llegue. A medida que lee, piensa que su lectura es una paranoia, pero le encanta (’La Nausea’ de J.P. Sartre). Ona tarda en llegar y Él tiene miedo que le haya afectado la nota y no se presente.
Él continua leyendo en la arena cuándo ella llega (con una sonrisa como siempre, el miedo se desvanece). El se alegra mucho y no logra disimularlo, aunque tenía la firme decisión de no mostrarse tan ‘colgado’ de ella. Se tumban juntos en la arena y Él le deja leer lo que ha escrito esa noche. Ella le pide que se lo lea en voz alta y Él accede encantado, utiliza un tono más romántico cuándo el texto habla de ella. De repente, ésta lo invita a comer a su casa, espaguetis: - No hay nadie en casa –dice. Él alucina, nunca una chica lo había invitado a comer (exceptuando su Ex) y menos en esas condiciones (¡Los dos solos!). ¿Sabía Ella que ese día tenía una comida familiar? Le entristece enormemente no poder aceptar. - ¿Precisamente Hoy! – Celebran el santo de su Abuela (María, 15 de Agosto) y no puede faltar. Pero el hecho de la invitación ha hecho cambiar algo, Él se siente mucho más seguro de sí mismo, con mucha más esperanza. ![]()
Al contrario del miedo que tenía al principio del día, su relación ha mejorado: Juega con Ona en la arena, le toca el ombligo, la acaricia. En el agua la coge por detrás, la abraza y le besa la nuca: ella no dice nada, pero se deja hacer.
A mediodía se despiden, cada uno para su casa, pero quedan para tomar café en su casa. Hoy tampoco dormirá por la tarde, pero es un mal menor. Hoy vuelve a casa especialmente contento.

